Relación amor–odio con los aeropuertos

Cuando era más joven los amaba tanto. Salir de viaje siempre me llenaba de una sensación de vértigo del bueno. La emoción de la aventura. Recuerdo mis primeros recorridos sola en la adolescencia. Quería comerme el mundo. En los siguientes, reduje el ajetreo del itinerario. Menos destinos y más calma. De a poco, las cosas fueron cambiando.

No es lo mismo estar sola. Es difícil dejar atrás a tus personas favoritas. Hay gente que con el tiempo se vuelve vital, indispensable. Ya no le hace a uno tanta gracia vagabundear cuando necesitas la risa de tus hijos o el abrazo de quien amas y te ama. Creo que últimamente que los aeropuertos me han quitado más de lo que han traído. Así me siento hoy: vacía e incompleta.

Llegar a pensar en que puede ser deseable que el avión despegue sin mí por cierto descuido de tiempos y horarios -voluntario-, es una novedad. Esperar que el avión no se lleve a los míos es desgarrador. En estos momentos se entrena la famosa paciencia, que pocas veces antes fue tan requerida. Su cultivo fue más bien descuidado en estos tiempos en los que se espera inmediatez.

Un amigo me sugirió que me calme, que estudie y que cuando regrese sonará “Un velero llama libertad”. Más allá de la chistosa referencia mental de Abdalá bajando del helicóptero, hoy sí siento esa voz que constantemente me increpa -¿dónde vas?, y en mis sueños dibujé gaviotas y pensé hoy debo regresar… (Bucaram, get away, es linda esa canción).

Espero pronto poder cantar “y regresó…”. Ya me están cayendo un poco mal los aeropuertos. Espero reconciliarme con ellos cuando los planes ya no sean en solitario.

Para los que creen que su vida es mejor

Hay varios chistes de Facebook que dicen que cuando, por un lado, hay gente que tiene hijos –supongo que vendrían a ser aquellos menos divertidos y más tontos-, por otro lado están los que publican estas frases, que andan convirtiéndose en personas más entretenidas, trotamundos incurables, cosmopolitas a quienes les pertenece la noche y el mundo. Esos chistes me molestan por varias razones. En base a mi  indignación por la gente que opina sobre la vida de los demás, escribo algunas reflexiones:

  1. Para empezar, este tipo de chistes tienen razón y dicen lo obvio. ¿Debe ser lo obvio dicho? Cuando se tiene hijos se pierde libertad, especialmente cuando no se tiene quien brinde de una mano para cuidarlos ocasionalmente y así es imposible salir de fiesta, ir al cine, o justamente, viajar por varios días, sobretodo en los primeros años de sus vidas. Conozco a personas divertidas, incluyéndome, que hubiesen querido extender o que tal vez nunca gozaron de esa etapa de profesional joven con posibilidades económicas holgadas, para poder hacer cosas diferentes a las que se podía hacer las épocas colegiales y universitarias. Es verdad, la maternidad y paternidad, restan libertad y dinero. Sin embargo, creo que siempre se pueden encontrar opciones para lidiar con las pérdidas y recuperar espacios. Creo haberlo hecho bien, y conozco a personas que lo han hecho aún mejor –y claro, también conozco a varios jodidos felices y no tan felices-.
  1. Por otro lado, si bien es importante cuestionar prácticas dentro de instituciones tradicionales y también discutir los roles que te impone la sociedad para adaptarlos a tu medida o sencillamente para dejarlos de lado, ¿es necesario atacar, en este caso, al hecho de tener hijos? En el supuesto de que en realidad la gente que postea estos chistes crea su vida es infinitamente superior, que es un error descomunal tener un hijo y se compadezca de los que los tienen, ¿deben burlarse de ellos o festejar publicamente sus ventajas frente a la vida de los demás? Con la risa de Nelson, exclamar: ¡tonto, te quedas cambiando pañales, yo me voy de viaje! No creo que es algo que se deba hacer con alguien que te inspira pena.

El soltero cool

  1. Tal vez, esta actitud puede ser sólo una revancha frente a todas las personas que miran con pena o rechazo a las persona solas, como si el matrimonio o la paternidad fuesen lo “deseable y natural”, por lo que optan por afirmarse o defenderse. Sin embargo, ¿se debe hacer entonces lo mismo que a uno no le ha gustado que le hagan? Vendría a ser algo así: “me ven con pena de ser solo pero ellos no saben que yo soy el verdadero y único cool, y por el contrario, soy YO quien siento pena de ellos”. Lo único cierto es que todos los que se fijan en la vida de los otros y se piensan mejores son patéticos.
  1. ¿Este ánimo de confrontación con la maternidad y paternidad está únicamente vinculado a las presiones y ataques que reciben las personas sin hijos por parte de la gente tradicionalista o tal vez está vinculado a cierta inseguridad que el estar solo les produce y por eso deben convencerse y convencer que está bien ser soltero y no tener hijos? Para mí, están bien todas las opciones personales. Entonces, ¿por qué deberían gritar a los cuatro vientos su felicidad? Eso me recuerda al típico dicho resentido de “al cabo que ni quería”. Es un escenario más patético aún que la burla revanchista del que se cree mejor, pero lamentablemente he visto a varias personas jurar que no se casarán y no tendrán hijos, hacer justamente lo contrario. Esto ciertamente puede ser fruto de un cambio de postura en la vida, pero también puede indicar que lo que supuestamente tanto disfrutaban, derivaba de una necesidad de afirmarse geniales no teniendo lo que en el fondo sí deseaban tener. En ciertos casos, la situación puede ser impuesta, es decir, sencillamente, no se ha presentado la oportunidad de dejar atrás la soledad, entonces, para aquellas personas, ese estado de soltería divertida no vendría a ser una opción, sino el disfrute de un situación ajena a su voluntad. Pero está bien, disfrutar de lo que se tiene es lo más importante, criticar al resto, sin embargo, está mal.

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  1. En el caso de que una persona haya decido, ansiosamente deseado, cuidadosamente planificado tener hijos, debe probablemente estar complacida con su vida. Conozco a varios padres felices que no cambiarían su situación por nada en el mundo. Entonces ¿con qué lógica se les puede sacar en cara los viajes y la condición de cool del soltero fiestero trotamundos? Quien comparte esto hace alarde de la superioridad de una vida que no a todos le puede interesar, lo cual resulta un poco ridículo. Y sí, muchos compartimos fotos de ocasiones y formas de vida que a otros les puede resbalar, pero la diferencia acá es que existe una manifestación expresa de considerar al otro inferior frente al estilo de vida propio.
  1. Aún habiendo decidido tener un hijo, extrañar o arrepentirse de lo que se ha dejado atrás es normal en ciertos momentos, pero eso no necesariamente o no siempre implica que la vida es miserable y se desearía volver el tiempo atrás, porque los hijos también dan placer, uno distinto al de la libertad, pero felicidad de todas maneras. A veces, cuando un hijo no es esperado, como dice la frase de la película de Derbez “No se aceptan devoluciones”, de todas maneras llega a ser “lo mejor que no quería que me pasara”. Cuando los tienes, aunque a veces puede tardar, en la mayoría de veces te ves irremediablemente avocado a adorarlos al punto de no saber qué sería de tu vida sin ellos. Es natural, el humano se acostumbra y llega a extrañar hasta lo que no debería, pero este no es el caso, puesto que los hijos también son proveedores de alegrías ilimitadas. No todo es malo como promocionan esos chistes.

Para terminar…

Siempre me irritaron esos chistes por mi condición de madre. Si bien perdí cierta libertad, no me siento miserable por haber tenido una hija y creo que antes y después de ella, he viajado y he disfrutado de la vida, tanto soltera como en pareja. Creo que he estado en más ciudades que la mayoría de la gente que conozco, y por esto me siento agradecida con la vida. Es más, únicamente a raíz del nacimiento de mi niña, hemos visitado juntas Argentina, Chile, Estados Unidos, Francia, Portugal, España, Alemania, República Checa y Hungría. Yo he estado en otro tanto de países sola, por trabajo o actividades académicas, y actualmente me encuentro a punto de iniciar una estudios de Washington D.C., en donde pronto me reuniré con ella.  Es una pequeña trotamundos por mi causa.

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Esto que he escrito hoy, sin embargo, no es únicamente por que me he sentido tocada por esos chistes y he querido demostrar lo absurdo de la postura de la gente que los comparten, sino también por otras personas a quienes quiero mucho y respeto inmensamente. Es un homenaje para las personas que son padres responsables y amorosos, pero que también, a la vez son las personas más divertidas que conozco. En pareja o solas, los veo tratar de lograr un balance entre la locura, su propio ser, la vida profesional exitosa, la fiesta, la ternura y la paternidad. ¡Cómo los admiro! He visto a padres solos que buscándose y dándose oportunidades que no ha tenido en su temprana juventud, brindan con placer y éxito, el amor y la responsabilidad que sus hijos demandan. Con este texto, también he querido saludar a una querida amiga que me ha comentado con tristeza que no logra ser madre y que siente un profundo dolor por eso. Ella es una persona genial, profesional admirable y amiga entrañable. Esos chistes absurdos me parecen un burla para gente que ha tenido lo mejor de la vida en solo, pero que ahora ansía con todo el amor del mundo convertirse en madre y no lo ha logrado. ¿Debe ella sentirse cool y conformarse con los viajes que ya ha tenido o buscar más destinos? Deseo que pronto el amor de madre que tiene acumulado, logre ser depositado en un niño que seguro le espera en algún lugar del universo.

Felicito mediante estas palabras a todas las personas que viven procesos personales de optar por no tener hijos, de buscar tener hijos, de intentar ser buenos padres, de estar abrumados por la responsabilidad, de enfrentarse a lo inesperado o de ni siquiera pensar en esto. Espero que todos mis queridos amigos encuentren lo que buscan, eso sí, sin creerse mejor que el resto.