Finalmente, tengo un deseo

Me gustaría tener algún buen tema para escribir, pero lamentablemente no tengo ninguno, no conozco nada en la cantidad suficiente como para reflejar algo decente en un texto. Quiero y creo tener algo que decir, quizá algo importante (el famoso ego siempre generándome expectativas poco precisas para sentirme bien hoy, en base a ideas de éxito futuro). De seguro poseo cierto espíritu crítico (al menos eso me han dicho y les he creído), pero carezco de agudeza y profundidad en cualquiera de los temas que me interesan. Me interesa la política y la economía, por lo que trato siempre de seguir el acontecer nacional (Ecuador) y mundial, pero no creo dominar suficientemente ningún tema como para compartir públicamente mis “análisis”. Si bien, muchos de los que escriben opiniones lo hacen de manera ligera eso realmente no me interesa porque considero que es una falta de respeto al lector. Yo creo poder hacer algo bueno (dicho con cierto tono escéptico). Me gustaría que en mis textos se vea originalidad, inteligencia y conocimiento (no sé de qué, pero conocimiento). Me da vergüenza escribir esto, como si esas cosas nacieran gracias a una generación espontánea y no a un ejercicio disciplinado.

Peor aún, en cuanto a una escritura más especializada, tampoco creo poder concebir textos dignos de ser publicados en revistas académicas, principalmente porque para esto se necesita un amplio bagaje de conocimientos que no me he preocupado por adquirir. Para generar un texto académico, se requiere haber leído mucho previamente, con el afán de poder generar nuevas propuestas. No me parece tarea fácil acumular de manera sistemática premisas que permitan dar a luz un buen texto, admirable, sólido, iluminador, wow! Siendo franca, no he leído nada que me habilite a escribir algo! (risas). Espero algún día, poder acumular conocimiento para poder compartirlo y obviamente, como buena Leo, poder también recibir un tanto de admiración. Sí, soy Leo de signo zodiacal. En este punto, tengo que reconocer que participo los eclecticismos new age de la búsqueda del bienestar a través del equilibrio de las energías, la astrología, la meditación, la espiritualidad adaptando creencias a mi medida sin poder ni querer renunciar a mi cristianismo. Participo de varias inconsistencias noveleras que en parte me avergüenzan y me quitan credibilidad, pero debo confesar, por sinceridad con el lector (sí es que llega a haber uno), que así es.

Mientras construyo mi “carrera” como analista política o económica (risas: en realidad me da mucho chiste lo que digo, porque no sé qué hago para lograr eso, por lo que no sé si eso pase en realidad en algún momento, pero al menos creo que es importante identificar deseos, algo en mí casi imposible) probaré iniciarme en la palabra a través de este blog. Empezaré a coquetear con un nueva actividad que espero que no se quede empolvada a medio camino como la mayoría de las cosas que inicio. A través de ejercitarme en escribir mis super reflexiones, quién quita que termine escribiendo cosas interesantes en temas diversos. No creo que algún momento llegue a escribir ficción porque no creo que esa actividad llame mi atención como forma de expresión (y obviamente, de interesarme, dudo tener el talento y la capacidad para hacerlo), pero sé que en general, me interesa el arte. Si eligiese un camino por esos campos, tampoco sabría qué es lo mío (suponiendo que a estas edades, de la nada, pudiera hacer arte). De manera amateur – amateur (como diría la canción de Molotov) he bailado, he dibujado y he actuado. Aún cuando creo tener cierto talento en los tres, una vez más, como buena Leo, siento un goce extremo en los escenarios. Actuar creo que es lo que más fácil, natural y placentero me resulta, pero lo he hecho muy poco (siempre la idea de “lo formal”, me ha impedido priorizar otros placeres). Siempre he vivido creyendo que tengo cierto talento ahí reposando (o al menos esa idea calma mi ansiedad), que bien pudiera fluir con cierto éxito en cualquier momento. Una vez más, no me preocupo, porque “si yo de verdad quisiera” podría ser muy buena en lo que escogiese (esta frase parece repetirse como excusa constantemente en mi vida). Sé que tengo talento y creatividad, pero aún no escojo ninguna forma expresión, a través de la cual mostrarme –a mi misma-, mirarme, curarme. Todavía no sé qué y cómo comunicar –supongo que en parte esto está vinculado al miedo al fracaso y al ridículo-.

En definitiva, como han visto, no hago nada ni soy nadie. Siento cierta nostalgia de no poder vestir el traje que ha sido diseñado cuidadosamente para mí, y llenar las expectativas de terceros, principalmente de mis padres –que en gran medida, ahora puedo decir, son las mías propias. He abrazado varios de los planes que se esperaban de mí, sin embargo, otros no (o todavía no, lo cual no es lo que yo esperaba de mí misma cuando era más joven pensando en mis futuros late twenties). Siento cierta tristeza de no haber abierto ningún camino propio. Ningún rompimiento. Creo haber transitado por la vida de manera cómoda, mostrando cierta rebeldía inocua propia de la inmadurez, aquella que no genera ruptura alguna en la comodidad de la vida de una niña mimada y sobreprotegida. Mis decisiones casi siempre se han congraciado con las prebendas del sistema que me protege y que me llegaba a asfixiar, porque era más seguro seguir algún camino, que encontrar el propio. Sin embaro, eso ya no me causa pesar. Ahora estoy contenta y en paz con lo que me he convertido y con lo que he hecho. Queda mucho por hacer, pero no siento apuro. Creo estar contenta y expectante en mi camino. Puedo decir que no me arrepiento de lo que he vivido o decidido. Estoy conforme con mi vida (excepto con lo que estudié en la Universidad, error que a fin de cuentas no resulta ya tan grave).

Al final, frente a dilemas importantes o frente a aquellos que puede lucir poco importantes, la vida te obliga a tomar decisiones. Ahora existe en mi solo una certeza, tengo un deseo concreto. Antes que haber descubierto cuál habría de ser mi profesión anhelada, mi trabajo perfecto, la vía de expresión artística adecuada para mí, o cualquier otro anhelo que parezca importante en la vida (cosas que cuando creces pierden importancia, porque ya no crees ser escencial en el mundo) estoy segura de una única cosa. Quiero tener una familia propia. Mi sueño puede ser poco vanguardista como mujer que vive su juventud en el siglo XXI, pero tengo que aceptarlo: quiero un hogar.

Esta es mi primera decisión, que ha sido descubierta a mis 28 años. Parece una decisión bastante tradicional, muy poco rebelde, muy poco ambiciosa, muy poco original. Pero me ha costado mucho descubrirla, supongo precisamente porque entre tantas cosas que se pueden obtener ahora, es difícil plegar por alguna con mucha fuerza, sobretodo porque ésta podría parecer algo anticuada. Sin embargo, ahora mi prioridad es asumir mi maternidad de manera completa, algo que no ha sido muy fácil ni automático como a veces podría pensarse. Quiero crear una familia propia, entre mi hija y yo. Luego, tal vez alguien más nos quiera y sea querido por nosotras.

Mama y niña, viajando. Chocolat (2000).

Mama y niña, viajando. Chocolat (2000).

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