La Bruja

¿Por qué me juzgas por mi dolor? Mi dolor es mío. Espero que se vaya pronto, porque, como es de suponerse, no me hace feliz. No es un buen compañero, no quiero vivir con él por siempre, que guíe mis pasos o que me cubra atrayendo lástima. Sólo no me pidas que lo suelte sin sentirlo hasta lo más profundo. Ahí me podrá abandonar. Seguro que ahí se irá por completo. A mi también me fastidia y para serte sincera, quisiera ya que desaparezca. No quiero que me persiga por siempre, porque no es un buen aliado. Yo soy alegre y divertida y él me coarta.

Ahora bien, creo que debemos ser realistas. Tu y yo sabemos que no me va bien fingiendo que no existe. A ti también te va mal creyendo mis mentiras. Pesaste que iba a ser fácil. Eso fue ingenuo de tu parte. No te culpo porque yo también pensé lo mismo. Ya he fingido muchos años que no existe, pero ya sé que no termina de irse.

Hoy escuché a una diosa decir que los conflictos deben ser resueltos porque sino se repiten mientras tu crees que huyes. Supongo que es así, porque tus dolores son tuyos y los arrastras por dónde vas. En todo cuento aparecen, en toda ciudad, en todo espejo, hasta en las flores, las más bonitas. La felicidad y libertad te inundan por un momento, y luego, recuerdas. Ojo, no te imputo mis pesares. De alguna manera, yo misma los he creado. Lo bueno es que me doy cuenta. Lo malo es que duele.

Tantos días han pasado. Resulta increíble pensar que todavía haya heridas abiertas que de cuando en cuando sangran. No me culpes por mi crueldad. Entiéndeme. Perdóname. Yo, eso trato. Te he querido como he podido, pero sí que te he querido. Tu y yo sabemos eso. Pero ya ves, doy lo que tengo. Ya lo dijo el sabio de la montaña, la bruja es mala porque tiene una espina clavada en la espalda.

La sorcière – Lucien Lévy-Dhurmer – Musée d’Orsay, Paris, France

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